Muros invisibles
Los muros dividen y limitan, aparte de los físicos, yo considero que hay otro tipo de muros, unos que son incluso más resistentes, algunos indestructibles. Nos permiten diferenciar, qué evitar, qué es peligroso, qué no hacer en determinadas situaciones, qué sí…
Son muros sanos, razonables y útiles, que nos protegen; al fin y al cabo esa es su función. El problema aparece cuando un muro deja de ser razonable y empieza a crecer tan alto que dejas de ver su límite, cuando se vuelve tan infinito y tan opaco que terminas siendo incapaz de distinguirlo de un miedo, y entonces aparece otro generado a partir de ese muro, y con él otros dos más, y en consecuencia de esos, otros cuatro, y poco a poco te ves encerrada en un enorme laberinto de muros tan altos que te asfixian, y por mucho que andes buscando una supuesta salida siempre vas a estamparte contra otro muro, puede ser que lo acabes de crear por haberte chocado con el anterior, de todas maneras, muros nuevos o antiguos, son todos iguales, ambos dividen y limitan, ¿protegen?
Te preguntas cómo deshacerte de ellos: la manera de coger un cortacésped gigante y talarlos como si fueran simples briznas de hierba, deshacer lo qué tú mismo has creado en tu contra y que te hace odiarte cada vez que topas con otro muro más. ¿Cómo se hace eso? por más que preguntes nadie sabe contestar, se te quedan mirando como si no fueses lo suficiente como para sentirte así, debe ser que todos tenemos nuestro propio laberinto invisible. Y piensas en lo bonito que podría ser el mundo si las cabezas de la gente cambiasen esos horribles laberintos por una enorme y despejada noche estrellada al aire libre. Calma. Si la vecina del quinto se despertase con esa sensación saldría del portal para su paseo matutino con una sonrisa de oreja a oreja y no discutiría con el vecino. Al no haberle pasado esto al vecino, ni se acordaría del muro de las riñas con ella y al entrar en el portal charlaría un ratito (sin preocuparse por el muro que le hace discriminar determinados colores de piel) con Benito, el portero, que ese día tendría un brillo especial en los ojos porque su mujer se habría levantado pronto a hacerle tortitas por ser su cumpleaños y porque ese muro con el que se chocaba su mujer que le decía que no sabía cocinar había desaparecido.
Sería precioso, pero no perfecto, la vecina no tendría un muro que le recordara que los coches pueden dañarla, el vecino no recordaría un muro que le preocupara a cerca de el olor de su perro y la mujer de Benito no se acordaría si quiera del muro que le dice que heriría los sentimientos de su marido si hiciese algún acto irresponsable. ¿Deberíamos entonces deshacernos de los muros o no? Lo ideal en mi opinión sería poder decidir la altura de los muros sin ningún tipo de vértigo que nos quite el control.